Tejiendo memorias vivas

Por: Proterra

 

 

“Cuando uno camina el territorio, también camina la palabra y nutre la memoria”-, dice Patricia, una de las lideresas indígenas de El Encano, Nariño. Su utopía, como la de muchos otros líderes en la ruralidad colombiana es que las y los jóvenes no abandonen el campo, sino que se enamoren del territorio y se animen a trabajar por él. Sin embargo, el problema del desarraigo -sea o no forzado-, no sólo es un tema rural, sino que también atañe a las ciudades y las formas en que construimos significado alrededor del espacio que habitamos, a los vínculos que construimos en el territorio y a los modos de vida en relación a la naturaleza que lo constituye. Al igual que Patricia, un joven líder en Soacha reconoce que “no se ama lo que no se conoce”, y que transformar los imaginarios negativos que se han construido en relación al municipio implica caminarlo, reconocerlo y recordar cómo se ha transformado en el tiempo.

Al ser conscientes de la importancia de trabajar en la apropiación del territorio y el reconocimiento de iniciativas comunitarias que le apuestan a la defensa de la vida que lo habita, emprendimos un viaje junto a las comunidades de seis municipios en tres regiones diferentes: Policarpa, Ipiales, Pasto, Soacha, Bogotá y Buenaventura. El propósito: hablar de memoria ambiental y culturas de paz en el marco del proyecto Tejedores de Vida, que actualmente desarrollamos de la mano al Servicio Jesuita a Refugiados y a la Asociación de Colegios Jesuitas – ACODESI, con el apoyo de la Unión Europea en Colombia, en el marco de su compromiso al fortalecimiento de la Sociedad Civil Colombiana.

En medio de esta apuesta, reconstruir la memoria histórica y ambiental se convirtió para nosotros en un ejercicio a través del cual buscamos reconocer los saberes de la gente sobre la que no se escribe y hacer memoria de los lugares que ya no se visitan y se recuerdan con nostalgia, de los paisajes que obnubilan el pensamiento y de los lugares cuya magia suscitó la creación de figuras mitológicas. También de las quebradas o los ríos que se secaron, de los bosques que las carboneras se llevaron, de los ríos contaminados tras el paso de la minería, de los humedales que inundaron para hacer barrios y autopistas, de los afluentes que quisieron represar y de las lagunas que alguna vez fueron saludadas.

Partimos entonces del principio de que así como la gente tiene memoria, la naturaleza también conserva registros y huellas de sus viejos caminos y pequeñas urdimbres. En este sentido, la reconstrucción de la memoria ambiental busca también comprender cómo han cambiado las formas de relacionarnos afectivamente con el territorio, entendiendo que los sentires, las emociones y los recuerdos son todos lugares en los que podemos descubrir y tejer esas memorias, reivindicando a la vez, formas de organización y participación comunitaria que señalan la importancia de la defensa del territorio que se ama y que se cuida.

En este camino, buscamos identificar y reconocer los lugares de la memoria, narrar las transformaciones que han tenido los ecosistemas, comprender las causas de los conflictos socioambientales, rescatar los mitos, leyendas y relatos sobre los territorios, y mapear las relaciones que las comunidades establecen con el territorio, así como las construcciones de sentido en relación al espacio habitado, asignándole un sentido político y también poético a los recuerdos, como lugares desde los cuales también nos enamoramos del territorio y reencantamos el mundo, como diría Patricia Noguera.

Durante este viaje, niños y niñas, jóvenes y adultos, pusimos en marcha una ruta metodológica que tuvo como punto de partida el diálogo intergeneracional y el intercambio de saberes para la reparación simbólica del territorio a través de narraciones que reivindiquen una relación no dualista con la naturaleza y motiven la participación comunitaria en la defensa y el cuidado de la misma. Para ello, es esencial rescatar la oralidad, reconociendo las conexiones entre los modos de vida que tienen lugar en el territorio y las distintas formas en las que se configuran las identidades alrededor de los ríos, las montañas, las lagunas, las quebradas o los humedales.

Las metodologías puestas en marcha fueron invitaciones a sentí-pensar el territorio y rescatar relatos desde los afectos, las sensaciones, las ideas, los cuentos, las anécdotas y los sueños, haciendo énfasis en el poder transformador de la memoria como un escenario desde el cual también se construyen horizontes de sentido hacia el futuro. Mediante 24 encuentros de Memoria Ambiental en las 12 instituciones educativas con las que trabajamos, propiciamos diálogos intergeneracionales en los que participaron estudiantes, docentes, familias y líderes de procesos comunitarios, y en donde se realizaron recorridos y talleres en los que viajamos al pasado a través de las historias de los más viejos, y caminamos el presente para pensarnos el futuro junto a los más jóvenes.

¿Para qué la memoria ambiental?

En el fondo, a lo que le apostamos es al poder transformador de acciones conscientes que cuestionen la tradicional relación entre los seres humanos y la naturaleza, y que consideren el lugar de la memoria en el presente y en la construcción de horizontes de sentido hacia el futuro. En otras palabras, estamos convencidos que hablar de memoria en tiempos de conflicto es una forma de construir culturas de paz, de descolonizar los discursos, los lenguajes y también los sentires, y por tanto, es una forma de hacer pedagogía.

En este sentido, cuando hablamos de paz, es vital hablar también de la necesidad de posicionar las estrategias individuales y colectivas para defender la vida y ordenar el territorio, a la vez que se trabaja en torno a la apropiación y la construcción de culturas de paz, partiendo de la reconciliación con el entorno natural.

Reconstruir la memoria ambiental nos enseña, sobre todo, que hace falta reinventar los viejos discursos, inventar nuevos lenguajes y nuevas formas de encuentro entre jóvenes y adultos, entre hombres y mujeres y entre afros, indígenas y campesinos, de modo que podamos pensar en formas autónomas de ordenamiento territorial que reconozcan la diferencia pero no se fragmenten a raíz suyo; que partan del reconocimiento de la alteridad; que permitan recomponer los vínculos que se han fragmentado a raíz de la violencia y se reconcilien también con la naturaleza como fuerza creadora de vida.

¿Cuál es el sentido de caminar la palabra?

Andar el camino y conocerlo a través de los sentidos. Oler, escuchar, degustar, tocar y ver. Sentir el camino y escuchar los recuerdos, las historias y las enseñanzas de quienes lo caminaron antes nuestro, hace tal vez muchos años. Convertir la palabra en acto y hacer pedagogía del territorio desde los afectos, las sensaciones y las historias de quienes lo conocen, para que nosotros lo reconozcamos.

Caminamos la palabra porque nos aferramos a escuchar la vida y sentirla en el cuerpo antes que leerla en los libros; la caminamos para construir autonomía y dignificar la vida a través de las juntanzas, las anécdotas y las utopías.

“El tema ambiental para nosotros no es sólo el Ecosistema. Es cómo empezamos a mirar la vida integral. La chagra, que por naturalidad las familias tienen, es una manera, porque es de manera orgánica, es diversidad porque está el alimento, la medicina, el saber, la oralidad. Desde allí se comienza a hacer el trabajo. La medicina tradicional también. […] En unos años el páramo no va a estar, y si el páramo no está pues dónde queda la medicina o el saber. Si es de allí donde tengo que traer las plantas para curarme. Para nosotros es muy importante la tulpa, porque es alrededor del calor y el fuego que se planea, que se conversa. Estamos en procura del cuidado de la vida, y no solo del ser humano. Nos hemos creído superiores, pero la vida humana depende el 100 % de la naturaleza, y es muy importante cuidar la vida del suelo, del aire, del agua, de las abejas, de las arañas. Si no cuidamos esa vida entonces no somos nadie.”

Patricia Jojoa.

Gobernadora segunda Cabildo Refugio del Sol

El Encano, Nariño

 

Bibliografía

NOGUERA DE ECHEVERRI, Ana Patricia. El reencantamiento del mundo. Universidad Nacional de Colombia. Manizales, 2004.